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UNIFORMAR

 

Septiembre 18, 2017
UNIFORMAR

Adiós al temor, bienvenida la reintegración

Quien ingresa por las puertas de Uniformar se encontrará con un ecosistema de reconciliación. En su taller trabajan desplazados, indígenas víctimas y victimarios. Repaso a una experiencia de ocho años.

Aquí hemos predicado con el ejemplo. Llevamos muchos años vinculando a indígenas, desplazados, víctimas y victimarios y nos ha ido muy bien. Y no estamos solos. Estamos construyendo país. Y si nosotros como empresarios no los ayudamos ¿Quién entonces? ¿A dónde van a ir estas personas?”, se pregunta con convicción Mónica Sánchez, una de las propietarias de Uniformar Ltda.

Esta compañía pereirana no solo es un ejemplo de emprendimiento del sector textil. Hablar con sus dos propietarias, Mónica Sánchez y Liliana Ospina, es recibir una cátedra sobre reconciliación. Esta dupla se ha convertido en las mejores invitadas y ‘conferencistas empíricas’, con respecto al tema de vinculación laboral para víctimas y victimarios del conflicto armado. Uniformar es una empresa creada en el año 1994. Desde ese entonces se dedica a la confección y distribución comercial de dotaciones empresariales e industriales. Cuenta con 22 talleres satélites y desde el año 2015 lidera el clúster textil-confección del Eje Cafetero, conformado por más de 10 empresas de la región. Desde el año 2009 esta empresa tiene una alianza con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) en donde no solo se obtienen resultados en la generación de oportunidades laborales para personas en proceso de reintegración y sus familias, sino que además promueve espacios de reconciliación en el ámbito laboral. Es una empresa comprometida con la construcción de paz y materializa su compromiso en la inclusión laboral de población vulnerable, reintegrados, desplazados por la violencia, población indígena, madres cabeza de hogar, entre otros sectores.

Para Carlos Ariel Soto, coordinador de la ARN en el Eje Cafetero, “Uniformar deja atrás ese imaginario colectivo y reconoce que detrás de las personas que se desmovilizan hay seres humanos. Ellas dieron ese paso que muchos desconocían. De nada nos serviría desmovilizar a todos los grupos alzados en armas si nadie les da una oportunidad productiva para que se arraiguen a la legalidad y puedan sostener a su familia. En segundo lugar, han construido un ecosistema de reconciliación: es posibilitar la mirada de esos seres humanos, no desde un fusil, no desde el conflicto armado, no desde el enemigo. Ellas lograron acercar lo que era lejano para la sociedad”.

 

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