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A puerta cerrada

 

Febrero 20, 2017
A puerta cerrada

Los altos costos de abrir un local para atender una demanda de productos o de servicios ha fortalecido la tendencia de vender a puerta cerrada, asegurando para el empresario nuevos ingresos, rentabilidad y reconocimiento por parte de sus clientes.

En países como Argentina y Brasil, pioneros en este tipo de comercio, el auge de las tiendas de moda, restaurantes a puerta cerrada y librerías, es muy fuerte y ya reconocido no solo por el cliente local, sino por el internacional. Es común que al visitar algunas ciudades como Buenos Aires o Brasilia, exista un tour exclusivo para conocer este tipo de negocios. Dicen los expertos que nacieron tras las crisis económicas y como respuesta a la necesidad de los emprendedores de buscar nuevas propuestas comerciales y una mejor relación con el cliente.

Estos locales cumplen con sus obligaciones tributarias. La diferencia radica en dos puntos importantes: por un lado, al ser propietarios ahorran costos de arrendamiento, obtienen mayores ganancias y logran espacios más cálidos, y por el otro pueden ofrecer precios más bajos y brindar un trato más personal.

Por supuesto, asume el riesgo de no alcanzar el reconocimiento y las ventas esperadas, debido a la poca exposición que tiene ante el público, la falta de una vitrina abierta para atraer clientes y de publicidad para darse a conocer, pues el principal canal que utilizan, además del voz a voz, son las redes sociales, que si bien no requieren sumas considerables de inversión, sí exigen persistencia.

Exclusividad y atención

Uno de los negocios que funciona bajo esta tendencia es la tienda La Majestuosa, ubicada en el quinto piso de un edificio en la localidad de Usaquén, en el norte de Bogotá. Su directora creativa y gerente, Karen Carvajal, cuenta que lo que ven los clientes al abrir las puertas, es el resultado de años de investigación, estudios y trabajo en torno a la moda. Fue administradora de grandes locales de la marca Bershka, y debido a su experiencia y al estudio del mercado, empezó la investigación, construcción y constitución de la empresa en el 2012. Es una boutique o tienda de moda que propone un concepto nuevo donde las mujeres pueden ir a comprar ropa y accesorios teniendo como alternativa una asesoría personalizada.

Como no recibe público de la forma tradicional, ni tiene un gran vitrina exterior, Karen reconoce que las redes sociales es lo que mantiene activo y vigente el negocio. La clientela que visita el lugar se encuentra con la típica puerta de color café de apartamento donde es habitual escuchar comentarios de la gente al abrirla, como “pensé que estaba equivocada”.

Confiesa que lo primero que hacen los diseñadores, al iniciar su proyecto de emprendimiento, es “tirarse de cabeza a alquilar un local”. “Nosotros decidimos no pagar un arriendo de 15 o 20 millones de pesos en una buena zona por un local pequeño y mejor adecuar un gran espacio como éste”, cuenta. En ese lugar, a diferencia de otros convencionales, sus visitantes encontrarán una gran sala para que los acompañantes se sientan cómodos y tranquilos mientras esperan.

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